El avión flotaba entre lineas de aromas definitivos y altisonantes. El hambre apremiaba pero la genialidad del vuelo le tenia cautivado. Corría a la par que agitaba los brazos desnudos sudorosos de sal, hartos de sol. Con el cabello enredado entre el pensamiento del hambre y la sensación del vuelo, sonreía con el alma abierta entre la dentadura, a sus 8 años que no volvería a contar. La acera se extinguió sin ningún sonido, pero el chirriar de las llantas lo ahuyentó todo: los reflejos en las ventanas, los apacibles pasos de un hombre, el suspiro de la mujer que miraba en otro sentido. El avión siguió descendiendo, con su forma de delta acuñada en papel blanco, o rayado, o de cuadrícula. Caía a medio arroyo, rozando el pavimento, sin la violencia del cuerpo. Luego, un remolino pequeño lo levantó a medio aire, haciendo piruetas, cambiando su dirección. Nadie lo vio. A nadie le importaba nada que no fuera el infante deshecho, la huida del motor, el desgarramiento de otro corazón que aullaba lo que parecía un nombre. El avión se bamboleaba en el aire cálido como si entre malezas volara, oscilando un poco hacia la izquierda. Salvó una cerca, a media cuadra de ahi. Un viento de cola le impulsó otro poco, picando la nariz hacia el suelo. La gente gritaba en la plaza, se arremolinaba. Las sirenas corrieron a sonar, como siempre suenan, haciendo alarde de la tragedia. El avión recibió un vientecillo transversal que lo metió entre los barrotes de una ventana y lo estrelló contra el cristal. Poc, fue el ligero sonido. La niña se asomaba al oir el escándalo pero se distrajo al instante tras descubrir la figura triangular en el piso. Lo recogió, admirando su forma. Sonrió al ver el dibujo de las ventanillas con miradas y risas asomandose al cuarto. Lo desdobló al observar las palabras dobladas y leyó Trabajo de Español 3er año B “Lo que quiero ser” me llamo leonardo y tengo ocho años. Mi padre anda en el cielo, manejando esos aviones que pasan volando sobre el pueblo, de los que nunca se ha bajado. Yo no le conozco pero creo que a veces nos mira. Mi madre me quiere mucho, me ayuda con la tarea y me deja jugar lo que quiera. Yo lo que quiero es ser aviador.
Ricardo A. Simental
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