La quiso con el alma, desde el lugar común de los románticos; con desenfreno, la álgida forma de los hedonistas; con pasión, emulando a los poetas malditos; y con certeza, como sólo unos cuantos saben hacer. Vivía inmerso en las tonalidades múltiples de ese enamoramiento sublime y atróz. La quiso tanto, que se dedicó a cuidar ese amor absoluto.... y se olvidó entonces de ella.
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