lunes, 20 de febrero de 2012

Desencuentros


Él soñó que era ella y que ella era otro. Y se sintió añorándose a sí mismo desde el corazón de ella, tan desconocido hasta entonces, mientras permitía que el otro le acariciase. Se miró desde los ojos de ella rondándola con cierta timidéz a pesar de sus bravatas y hacer un rictus de celos fingiendo al mismo tiempo indiferencia. Y sonrió muy siendo ella al verse en esas actitudes infantiles. Sintió ablandarse la parte más intima de ella cuando se vio acercarse, con la sonrisa a media agua entre el azoro y la determinación, y cuando su mano de él tomó su mano de ella, la sangre le llenó cada célula con un impulso acogedor, pleno de deseo y cierta ternura. Luego llegó el otro que era ella, con un aplomo que le desarmaba y una razón irrebatible. Y miró la desolación en el rostro de él mismo mientras se alejaba y sentía crecer un mudo alarido en el alma suplicando que le pidiese quedarse. Pero se miró guardar silencio, sin callar sin embargo el amor de esos ojos. "Pídemelo, tonto"; "Dílo de cualquier forma"; "Tócame y me quedaré para siempre". Pero sus llamados siendo ella se quedaban sin reacción aparente de él, que era él mismo. Con desesperación, le miró mientras se alejaba de la mano del otro, quien sabía perfectamente lo que quería ella, pero no podía evitar ese dolor que le partía en dos y se anidaba en el alma física que le había recibido siempre, húmeda como sus lágrimas y cálida como ahora su piel.
Se despertó de súbito, con el corazón  naufragando en un mar espeso de congoja. Ella le miraba con preocupación y desconcierto. "Decías tu nombre" -le dijo- "y gemías, como si lloraras". Él se sintió él de nuevo, con una tristeza enorme y el sexo a medias erguido. La miró desde sus ojos de él, asombrado de la diferencia. Ella percibió su indefensión de ese momento e inició un intento de abrazarle. Él abandonó sus ojos y miró su seno, descubierto por el tirante del camisón caído desde su hombro. Se sintió erguirse de inmediato y el recuerdo del ser de ella se desvaneció. Ella sintió una ternura extrema ante esa expresión desolada de niño perdido. Él quiso tocar su cuerpo. Ella se retiró un poco, desconcertada. Él resintió lo que interpretó como un rechazo. Ella se dio cuenta y se acercó de nuevo. Él ya pensaba en otra cosa, como la escena donde ya era él quien la miraba alejarse a ella con ese otro que era tambien ella, desde su alcázar de suficiencia y yanotequieros . Ella pretendió recuperar el momento anterior y bajó el otro tirante. Él se sintió disminuir aceleradamente, ya sin deseo ni ganas. A ella se le apagaron los ojos. A él le fastidió descubrir la brillantéz del agua en esa mirada. Ella se volvió (para que él) para levantarse (no le viese llorar). Él le dio la espalda y se acostó de nuevo, enojado consigo mismo, intentando recordar. Ella  sintió crecer un mudo alarido en el alma suplicando que él le pidiese quedarse, pero sólo encontró silencio. Él deseaba decir algo, pero no pudo o no supo. Luego la sintió alejarse, y le invadió una profunda sensación de pérdida. Entonces deseó desesperadamente volver a dormir. Y soñar.  


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